Pilar González de Rivera, letrada de la Administración de Justicia veterana

Carmen Domínguez, letrada de la Administración de Justicia joven

¿Cómo llegó a ser letrada de la Admon. de Justicia?
Pilar González de Rivera: Siempre fue una vocación por orígenes familiares. El Derecho en mi casa era el chupete diario. Me preparé las oposiciones de secretarios y fiscales, y al final opté por la de secretarios y creo que acerté. Estoy en lo mío.
Carmen Domínguez: Por vocación. Siempre he tenido vocación de servicio público y, cuando estudiaba, descubrí que el Derecho Procesal era lo que más me gustaba. Para mí, fue estupendo poder dedicarme profesionalmente a la asignatura que más me llenó.

¿Qué consejo le gustaría haber recibido cuando comenzó a ejercer?
P. G. de R.: Nos enseñan mucho Derecho, pero no nos enseñan nada de cara al trato con el público. Hay que tener mucho temple.
C. D.: Sobre todo, aprender a tener mucha paciencia.

¿Cuáles cree que son los valores que deben regir el ejercicio de un buen letrado de la Admon. de Justicia?
P. G. de R.: Debemos tener muy presente que, como nos pagan todos los españoles, tenemos que prestar el servicio con muchísimo más ahínco y ganas que si lo hiciéramos en una entidad privada. Es complicado, pero hay que hacerlo. Muchos piensan que con aprobar las oposiciones está todo hecho.
C. D.: Responsabilidad, autonomía, ilusión y ganas. Estamos para servir y ayudar a los demás. Nuestro salario lo pagan los ciudadanos a través de sus impuestos y eso nos debe llevar a ser muy responsables en el ejercicio de nuestra profesión.

¿Qué aspecto de su profesión es el que más le gusta?
P. G. de R.: En cuanto a materia jurídica, el Penal y el Civil. Del aspecto humano, destacaría que al final recibes una cierta recompensa cuando tienes muy claro lo que es la objetividad y lo que es el Derecho. Crea mucha satisfacción comprobar que se han hecho bien las cosas y que has ayudado a una persona en algo.
C. D.: De mi profesión me gusta todo: la firma, estar con la oficina, la cuenta de consignaciones, la sala, trabajar con el juez…

¿Cree que el papel de los letrados de la Administración de Justicia está suficientemente valorado y reconocido?
P. G. de R.: No, para nada. No estamos considerados como técnicos de Derecho Procesal, aunque se nos haya cambiado el nombre. Pero la satisfacción tiene que ser personal, y allá lo que piense cada uno.
C. D.: No. Primero, porque es una profesión desconocida. Segundo, porque el propio Ministerio nos tiene denostados: siempre habla de jueces y fiscales y a nosotros nos da un papel secundario. Y tercero, porque en la propia oficina judicial estamos entre dos aguas: no somos ni jefes ni compañeros de los funcionarios.

La crítica a la Justicia es un clásico en la opinión pública. ¿Cómo valora un letrado de la Administración de Justicia estas cuestiones?
P. G. de R.: Creo que ahí la prensa tiene mucha culpa, porque muchas veces se habla sin ser especialista en la materia, y eso llega a la gente, que se echa las manos a la cabeza. La gente no es consciente de que en todas las profesiones hay personas que funcionan y hacen bien su trabajo y personas que no. No se pueden ampliar los problemas a todo el ámbito de la Justicia.
C. D.: A veces la ciudadanía tiene razón en sus quejas, porque los trámites son lentos. Por otra parte, la persona de la calle desconoce lo que hay y es muy difícil cambiar las ideas preconcebidas que cada cual tiene de la Justicia, a lo que no ayuda nada la imagen que de ella se da en la prensa, que es dantesca.

“Los juzgados onubenses cerraron el ejercicio con 30.000 ejecuciones pendientes”. ¿Qué le dice ese titular de prensa?
P. G. de R.: Que, tal y como está planteado el asunto por los diferentes Gobiernos, la Justicia se traduce en números y es lo que se quiere. Hay muchos números resueltos, pero para ejecutar esas resoluciones hacen falta medios y que las leyes sean prácticas.
C. D.: Me dice que habría que matizarlo y preguntarse qué está englobado en esa cifra. ¿Ejecuciones de qué? ¿Civiles o penales? ¿Se está metiendo en esa cifra las ejecuciones que están abiertas junto con las que están archivadas provisionalmente? Parecen muchas, pero no se establece qué engloba esa cifra.

Se habla mucho del ‘Papel 0’, pero las oficinas judiciales siguen llenas de papeles. ¿Cree que llegará algún día el expediente electrónico al completo?
P. G. de R.: Creo que se llegará, pero no sé si yo lo veré. Si se ha empezado, espero que sea para acabarlo. Lo que no puede ser es que se eternice el periodo actual, que es doble: papel y digital.
C. D.: El ‘Papel 0’ a día de hoy es una mentira, porque se ha convertido en papel doble. Yo sigo imprimiendo. Por ejemplo, yo no tengo acceso por medio del sistema de gestión procesal a lo que se tramita en el órgano de instrucción. Si a mí no me suben papel, no tengo manera humana de verlo. Y si yo no tramito a la Audiencia en formato papel, la Audiencia no puede verlo. Estamos muy lejos de conseguirlo.

¿Que le pareció el cambio de nombre de su profesión?
P. G. de R.: No me ha gustado. Es un error, es un nombre demasiado largo que ni siquiera nosotros mismos usamos. Además, la nueva denominación confunde más a la gente. El nombre que me hubiera encantado hubiera sido el de escribano.
C. D.: No me gusta nada. Yo siempre he querido ser y seguir siendo secretaria judicial, que es el nombre que sigo diciendo cada vez que puedo. El nuevo nombre, aparte de que es muy largo, ha hecho que seamos todavía más desconocidos, porque genera mucha confusión. No es un nombre que nos defina.

¿Cómo es su relación con el colectivo de abogados?
P. G. de R.: Me llevo muy bien con ellos. En la familia tengo muchos abogados y eso te hace comprenderlos mejor.
C. D.: Estoy sorprendida muy gratamente, porque en el partido judicial del que vengo era un trato distante y aquí la relación es muy buena y cercana, con los abogados bastante colaboradores.