Francisco Martín, juez más veterano

Alejandro Tascón, juez más joven

Cuáles son los valores que deben regir el ejercicio de un juez?

Francisco Martín: El primero, la imparcialidad y la independencia. Hay una frase que decían los ingleses: “El juez tiene que ser una persona honrada, con mucho sentido común y, si sabe Derecho, todavía mejor”. La honradez, la integridad, la independencia, el sentido común y el conocimiento de las leyes. También se nos reprocha que estamos en nuestra torre de cristal, pero los jueces siempre hemos vivido en el pueblo y con el pueblo.
Alejandro Tascón: Ejercer la profesión con mucha constancia y profesionalidad. Con el conocimiento de que, detrás de cada papel que existe en tu juzgado, hay personas. Y cada retraso puede afectarles tanto a ellos como a su patrimonio. También debe ser un valor muy importante la celeridad conforme al buen trabajo. Todo esto conlleva muchas horas de dedicación. La empatía también es muy importante, teniendo en cuenta que el principio de legalidad es la base de todo. Creo que el valor principal, como digo, es el ser consciente del valor que tus decisiones tienen para el ciudadano.

¿Cree que hay algún derecho que un juez no pueda medir?

F.M. : Hay muchos… Por ejemplo, en el caso de una indemnización por fallecimiento. Hay que seguir unos baremos que señalan una cantidad, pero solo son obligatorios para el seguro de automóviles; en los demás casos, hay discrecionalidad. Tenemos que acudir a esa norma objetiva para que no haya mucha diferencia, pero medible no es… El daño moral, el sufrimiento… La indemnización no es una medida del bien que se ha perdido o dañado.
A. T. : Muchas veces nos regimos por criterios meramente objetivos, como en el caso de las indemnizaciones, cuando son elementos que claramente afectan subjetivamente a las personas. Se automatiza mucho, es todo muy frío. Pero es un mal menor que considero aceptable.  

¿Cómo diría que es el ejercicio de la judicatura en Huelva?

F.M. : Hoy día me parece que no estamos desbordados en número de asuntos, en general. No hay especiales problemas de saturación. Por otro lado, vivir en una ciudad pequeña tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Entre los últimos está que te conoce todo el mundo. Y, como ventaja, y refiriéndome concretamente al colectivo de la Abogacía, no he tenido especiales problemas, al contrario: siempre me he encontrado colaboración, una actitud profesional honrada y limpia.
A. T. : He estado tres años en Ayamonte y, para mi, las condiciones de trabajo en la capital son mucho mejores. Pese a ello, Huelva también sufre de mucho atasco y de mucha falta de personal. Hay muchas carencias. Aunque en el caso de Huelva se puede ejercer el trabajo con más tranquilidad, disfrutando un poco más.

La crítica a la justicia es casi un clásico en la opinión pública. Desde una sala de la Audiencia Provincial, ¿cómo se ven estas cuestiones?

F.M. : En general, el juez es como el árbitro: tiene siempre la culpa de todo, empezando por los particulares… Y muchas veces los abogados intervienen si quieren quitarse de encima el muerto porque no lo han hecho todo lo bien que debían. Aquí también se le echa la culpa al juez.
A. T. : Hay una confusión muy grande por parte del ciudadano respecto a la crítica a la justicia y la crítica a la legislación, que es donde muchas veces está el problema. El juez halla una ley y la aplica en sus casos concretos. El juez está sujeto al imperio de la ley y la arbitrariedad que algunos le achacan yo creo que no existe. La crítica no está bien fundamentada. Lo fácil es criticar a la Justicia.  

En estos días se habla mucho del papel 0, pero las oficinas de los juzgados siguen atestadas de expedientes en papel. ¿Qué opina del expediente electrónico? ¿Se imagina un procedimiento judicial que no esté en papel?

F.M. : El procedimiento en papel es básico para la búsqueda de documentos. Además, podríamos hablar de la definición que requiere una pantalla para, por ejemplo, ver planos. Llegar a lo totalmente digital, en lo que respecta a los documentos, lo veo muy dificultoso. Si tuviera que ver un procedimiento en pantalla, tendría que tener un índice y, aún así, me llevaría mucho tiempo. La consecuencia de todo esto es que podría resolver menos. No obstante, el expediente electrónico, por la firma digital, tiene muchas garantías, como también ocurre con la copia de seguridad. Tiene que servir para facilitar, pero no para entorpecer. Si no hay más remedio que acudir al papel en determinadas ocasiones, acudiremos a él. Que esté todo electrónicamente lo veo una utopía tal como está hoy la cosa.
A. T. : Es bastante difícil pasar al papel cero. Pero no podemos anclarnos, está todo informatizado, por qué no vamos a digitalizar la Justicia. Conllevaría más orden, menos traspapeleo, etc. Aunque ahora nos cueste mucho aceptarlo, dentro de diez o veinte años lo agradeceremos. Es difícil, pero hay que intentarlo.

¿Cómo valora su relación con el colectivo de letrados?
¿Ha notado cambios en la Abogacía en el transcurso de los años?

F.M. : Hay que tener en cuenta una cosa: a la audiencia llegan las apelaciones por escrito. Hubo una época en que era al revés, pero ahora todo es oral en el juzgado de primera instancia y todo por escrito en una audiencia civil. Le dieron la vuelta por completo con la Ley de Enjuiciamiento Civil de 2000. Me gustaría el término medio, porque aquí echo de menos la relación con los profesionales, el conocerlos directamente e, incluso, a los justiciables. Pero eso no es posible. Además, el colectivo de abogados ha crecido muchísimo…
A. T. : Muy buena. Ya en Ayamonte éramos como una familia, con mucho cariño y con respeto mutuo. La relación entre un juez y un abogado tiene que ser -cordial, con mucho respeto y educación. No hay que confundir nunca los términos de juez-abogado ni dentro ni fuera. El juez no puede dialogar sobre los asuntos que tiene que dictaminar. El juez dicta y resuelve. Solo opinamos a través de nuestras resoluciones.