Isidora Solís García, fiscal más veterana

Carlos López-Veraza, fiscal más joven

¿Ser fiscal es una vocación?

Isidora Solís: Sí, en mi caso fue clarísimamente una vocación. No sabría decirte por qué, pero siempre tuve claro que quería ser fiscal, desde muy joven, quizá por sintonía con lo que yo creía que era ser fiscal.

Carlos López-Veraza: Como en todas las profesiones de servicio público, cierta vocación tienes que tener. En mi caso, la vocación me ha venido con posterioridad. Estaba opositando y no sabía muy bien a qué me iba a dedicar. Me decanté por Fiscalía quizá porque podemos intervenir en muchos ámbitos y ayudar a muchas personas.

¿Encontró mucha diferencia entre lo que usted creía que era ser fiscal y lo que halló cuando comenzó a ejercer?

I.S. : He descubierto que el fiscal interviene en muchas más cosas y tiene más competencias de las que la gente cree: protección de derechos fundamentales, defensa de discapaces, menores, personas con desamparo, desvalidos, víctimas, vigilancia de que se cumpla la legalidad, y persecución del interés social tutelado por la ley. El fiscal es mucho más de lo que sale en las películas y en las novelas.

C.L.: Cuando empiezas a trabajar, te das cuenta de que hay mucho más de lo que uno podría esperarse a priori. Al menos en España, los ficales intervenimos en todos los ámbitos: penal, civil, social, en defensa de numerosos colectivos, menores, discapaces… Toda esa riqueza es un aspecto muy favorable.

¿Qué consejo le gustaría haber recibido cuando decidió ser fiscal?

I.S. : Quizá el que me faltó fue la necesidad de que el fiscal esté integrado en un grupo y en un equipo. Siempre se piensa que el fiscal trabaja de manera autónoma y por libre, pero el trabajo en equipo y de coordinación es fundamental.

C.L. : No he echado en falta ningún consejo, ya que primero en la escuela, luego en las prácticas y finalmente en el trabajo me han ido aconsejando los compañeros con más experiencia. Una de las ventajas del Ministerio Fiscal es poder trabajar con compañeros con más experiencia de los que poder aprender, aunque eso no significa que los más nuevos no podamos aportar nuestro grano de arena. 

¿Cuáles son los valores que deben regir el ejercicio de un fiscal?

I.S. : El sentido común es fundamental. Y, sobre todo, la necesidad de atender a esa tutela del interés público y aplicar ese interés público al derecho de cada ciudadano cuando se vea afectado por una actuación determinada que necesite de la ayuda del Derecho.  

C.L. : Compromiso y humildad. Y en tercer lugar, tener en cuenta que somos servidores públicos. Nuestra función es servir a los demás. A mí siempre me ha gustado una frase de Muhammad Alí que decía que servir a los demás es el precio por el alquiler de la habitación en la tierra. Ser fiscal es una manera de servir a los demás.

El fiscal defiende al Estado, no a la víctima. ¿En qué porcentaje está de acuerdo con esta afirmación?

I.S. : En absoluto estoy de acuerdo con esa afirmación. Si, por el contrario, nos referimos al Estado de Derecho, sí, por supuesto. La principal obligación del fiscal es defender el Estado de Derecho. Pero no al Estado como órgano de poder y de gobierno. Nuestros órganos supremos sí están nombrados por el Gobierno, pero eso no quiere decir que en la actuación diaria cada fiscal esté mediatizado por ese nombramiento. Eso se utiliza muy demagógicamente. En mis años de carrera jamás he recibido ningún tipo de indicación política.

C.L. : Si entendemos Estado como Gobierno, estoy radicalmente en contra de esa afirmación. Si hablamos de Estado de Derecho, estaría plenamente de acuerdo. No se puede proteger al Estado sin proteger a la víctima. La única manera de proteger al Estado es protegiendo a las víctimas. Uno de nuestros principios es garantizar o proteger el interés público, que siempre es que se cumpla la ley y la defensa de los derechos de los intereses de los ciudadanos.

La crítica a la Justicia es ya casi un clásico en la opinión pública. ¿Cómo ve un fiscal estas cuestiones?

I.S. : Comprendiendo que, muchas veces, los ciudadanos tienen motivos para dudar de la Justicia o para criticarla. Es lógico que se critique a la Justicia, que interviene cuando hay dos posturas contradictorias, y la solución siempre va a dejar descontento a alguien. Tambiés es lógico que se le critique por su lentitud: no contamos con los medios adecuados a las circunstancias del siglo en el que vivimos. La Justicia ha sido siempre la Cenicienta de todos los poderes del Estado.

C.L. : En España siempre tendemos a pensar que lo nuestro es lo peor y esto también se traslada a la Justicia. Pensamos que es la peor de los países de nuestro entorno, pero las estadísiticas dicen que, por ejemplo, los delitos de corrupción se persiguen como en pocos países del mundo. Los fiscales tenemos dependencia jerárquica de nuestros jefes, pero no del Gobierno, y nos regimos por la imparcialidad y por el sometimiento a la legalidad. En otros países aparentemente más democráticos, el Ministerio Fiscal lo forman directamente miembros del Gobierno, y nadie se escandaliza.

¿Cómo diría que es el ejercicio de su profesión en Huelva?

 I.S. : Muy placentero. Con todos sus problemas, pero es muy agradable, sobre todo cuando se tiene vocación y lo que haces lo vives como algo que está ayudando a los demás. Trato de solucionar los problemas, no de empeorarlos. Cuando se tiene esa finalidad y ves que a algunas personas les das una solución medianamente satisfactoria, es algo muy satisfactorio. En Huelva tenemos una gran relación entre todos los colectivos.  

C.L. : Huelva tiene el tamaño justo, lo que nos permite participar en todos los ámbitos, tener más responsabilidades, hacemos de todo y vemos de todo, y se delega desde el primer momento. Somos una pequeña familia. Con todos los que intervienen en la administración de Justicia el trato es muy cordial, cercano y aprendemos los unos de los otros. Esto es algo que en pocas provincias se da.

¿Cómo valora su relación con el colectivo de letrados?

I.S. : Fantástica. Siempre intento que mi relación con ellos sea lo más afable y lo más llevadera posible. Ellos siempre tienen mi despacho abierto para cualquier consulta. Es una relación espacialmente buena. Si llegamos a un acuerdo, estupendo. Y si no, pues se va a juicio a cara de perro si hace falta. Pero siempre siendo leales los unos con los otros.
C.L. : Es una relación muy cercana y muy buena. Tenemos un trato muy fluido. Desde el primer momento siempre me han tratado muy bien y con respeto, y he aprendido mucho de muchos de ellos. Es un privilegio tener la relación cordial que tenemos aquí y que en otras provincias sería imposible.